Segunda parte.
-Un día, el dueño de la casa reunió a la servidumbre y les habló así;
- Mañana zarpa para tierras lejanas mi buque Unicornio. Llevará a bordo muchas cosas con que comerciar y para vender. Si alguno de vosotros lo desea, puede también enviar algo al extranjero y, con un poco de suerte, lo que envíe se le convertirá en plata u oro.
Los servidores dieron gracias a su amo por haber pensado en ellos, y cada uno envio alguna cosa al otro lado de los mares, con la sola excepción de Dick. El muchacho guardaba silencio, confiando en pasar inadvertido, pero la pequeña Alicia, que se hallaba en la sala, le gritó:
- ¿ Y tú que mandas, Dick Whittington ?
El pobre chico hubo de responder que no tenía nada para enviar.
- Pero por fuerza que tienes que poseer algo- le dijo el señor Smith.
-No- dijo Dick-, no tengo nada en el mundo más que a mi buen gato Tabby.
-Pues entonces hijo mío, podrías enviar a tu gato- insinuó el papá de Alicia- En esos países del extranjero todo se vende.
¡ Pobre Dick ! Subió tristemente la escalera que conducía al desván. Tabby salió, de un salto, a la puerta para recibirle y ronroneó de contento al llevarle el chico al primer piso. Pero cuando Dick le puso en los brazos del señor Smith, Tabby maulló como si compren diera que las cosas no iban bien. Las lágrimas surcaban el rostro del niño cuando acarició la cabeza como despedida y le dijo, con todo el cariño, que seguramente en otro sitio hallaría mejor acomodo del que él le había podido proporcionar.
Todos los sirvientes se rieron mucho al oírle; solo Alicia dijo:
-No te preocupes , Dick; el capitán se ocupa de Tabby y yo te daré dinero para que compres otro gato.
Así fue como Tabby partió y como Dick se quedó muy solo otra vez. Lo peor fue que como el dueño de la casa y su hija eran tan buenos con él, la cocinera estaba celosa y en secreto le daba tan malos tratos, que Dick creyó no poder soportarlo. Transcurrió algún tiempo y nada se sabía del unicornio. Luego llegó la noticia de que se había perdido en el mar, en medio de una terrible borrasca. Dick lloró mucho al pensar que había enviado a Tabby a la muerte y que no volvería a ver a su buen amigo.
Un día en que la cocinera se había mostrado más cruel de costumbre, Dick determinó fugarse. A la mañana siguiente, de madrugada, se echó a la espalda su pequeño lío de ropa y partió, antes de que nadie despertara en la casa. No había amanecido aún cuando llegó a Holloway y descansó un ratito en una gran roca que, desde entonces , se llama la roca de Whittington. Mientras descansaba, iba pensando qué camino tomar.
En aquel momento empezaron a tocar las campanas de la iglesia cercana al mar. Dick se sobresaltó, porque en le paz y en el sosiego del alba le pareció que pronunciaban palabras. Escuchó con más atención y oyó que decían claramente:
¡ Dick! ¿ Qué haces ? Vuelve atrás:
por tres veces Lord Mayor
de nuestra ciudad serás.
" ¡ Yo alcalde de Londres !"- Pensó Dick- , bueno, si de veras he de llegar a ser lo, ya no me importa que la cocinera me trate mal, porque siendo alcalde tendré que soportar cosas peores. Volveré a casa en seguida y si me doy prisa puedo llegar antes de que la cocinera me eche de menos."
Así ,por segunda vez, entró Dick en la ciudad tan deprisa como se lo permitía la longitud de sus piernas y animado por grandes esperanzas que hacían palpitar su corazón. Esta vez tuvo la suerte de no tropezar con la cocinera, que ni aun llegó a darse cuenta de que el muchacho había intentado escaparse.
Transcurrieron varias semanas, Dick se preguntaba como podría llegar a ser alcalde de Londres si continuaba trabajando en la cocina para una cocinera gruñona. Hasta que cierto día hubo una gran agitación en casa de los Smith. El capitán del unicornio estaba de regreso. El amo de la casa mando llamar en el acto a todos los sirvientes, para que oyeran la singular historia del capitán. Dick tenía la cara tiznada de tanto fregar sartenes y cacerolas, pero ni tuvo tiempo de llevársela, ni tampoco la vengativa cocinera le hubiera permitido. Al entrar en la sala, vio muchos saquitos llenos de oro y plata y en el suelo cofre citos llenos de piedras preciosas. Pero por ninguna parte divisaba a Tabby, su querido gato, y sentía un gran peso en el corazón. Se instaló, pues, en un rincón obscuro de la estancia, para que no lo vieran, y después allí escucho la historia del capitán.
He aquí lo que oyó Dick:
" Llevaba nuestro buque Unicornio muchos días en el mar cuando nos sorprendio una terrible tormenta. Nos desvio de nuestro rumbo y ya no sabemos donde nos hallábamos. Por fin , tras unas semanas de borrascas y de ir siempre a la deriva por entre la bruma, divisamos tierra. Desembarcamos en la playa y pronto supimos que aquel país era Berbería ( esto es, tierra de moros ) , país que desconocíamos. Los moros nos acogieron amablemente y vendimos el cargamento a mejor precio que en otros países. Y ahora viene la parte más singular de la historia.
" Después de liquidar todas nuestra mercancías, los servidores del rey y de la reina de berbéria encargados de realizar compras para sus comarcas nos comunicaron que la real familia deseaba que fuéramos a palacio. Nos recibieron en una sala esplendida, ricamente tapizada y alfombrada e bellas sedas y broca-dos. El rey y la reina estaban sentados en sus tronos. Nos sirvieron una suculenta comida, pero apenas los servidores colocaban los platos delante de nosotros, surgían de todos lados grandes ratas que apoderándose de los manjares, escapaban con ellos. Preguntábamos al rey y a la reina cómo toleraban aquello, y el rey contestó: " ¡ Tolerarlo!¿ Acaso no he ofreció la mitad de mis tesoros a quién pueda desembarazarnos de tan terrible peste ? "
" Me encantó oír aquello y dije al rey que si empeñaba su real palabra y de veras me regalaba la mitad de sus tesoros, yo le entregaría algo que le liberaría para siempre de las ratas. El rey, lleno de júbilo, dio su palabra y yo envié a uno de mis marineros a bordo, con el encargo de traer consigo al gato de Dick. Cuando le trajeron ¡ tendríais que haberle visto! El marinero no pudo contenerlo, tan deseoso se mostraba de atrapar ratas y ratones. Saltó de los brazos del hombre al suelo y en menos que tardo en contarlo, no sólo había matado a todos los roedores que invadían el comedor, sino que iba de aquí para allá vigilando los agujeros por donde entraban otros. El rey disfrutaba de veras. Entonces cogí a Tabby y se lo llevé a la reina. Esta, en un principio, le tenía miedo, pero yo le enseñé a acariciarle la cabeza y el gato empezó a ronronear y refregar se cariñosamente contra ella. Entonces la soberana se entusiasmó, batiendo palmas, dijo:
" Es el animal más maravilloso del mundo: tan feroz, que mata nuestras ratas, y al propio tiempo tan manso, que se deja acariziar. Bién vale la mitad de nuestros tesoros. Los cederemos muy agusto y además cuidaremos bién del animalito mientras viva."
" Así Tabby continúa en Berbería, pero en su lugar traigo al señor Whittington una fortuna inmensa en joyas, plata y oro; la mayor fortuna que jamás se haya visto en Londres. "
Cuando el capitán acabó su relato, reinó profundo silencio en la sala. Luego el señor Smith dijo solemnemente:
-Adelante señor Dick Whittington...
Y el pobre Dick salió de su obscuro rincón para recibir aquella gran fortuna.
-Ahora, muchacho- siguió diciendo el buen señor- declaro que no conozco a nadie que merezca tanto como tú semejante buena suerte. Eres mucho más rico que yo y con todo mi corazón deseo que disfrutes de tus bienes durante una larga vida.
Dick estaba tan emocionado, que ni podía contestar. Cuando recuperó la voz, dio las gracias y se empeñó en hacer esplendidos regalos a todos los presentes, desde el capitán a la cocinera.
Después se compró buenas prendas e ropa y se fue al colegio. En el transcurso de los años se convirtió en un guapo mozo. Amaba desde niño a Alicia y , por ello, cuando llegó a hombre, se casó con ella y la gente más distinguida de Londres asistió a la boda.
El señor Whittington y su esposa vivieron con gran esplendor; pero Dick jamás olvidó las penalidades de su infancia y fue siempre generoso con los pobres. Tuvo cargos muy importantes en Londres, y por tres veces le eligieron como Lord Mayor, esto es, alcalde en la populosa ciudad.
Y durante su larga vida se acordó siempre de que debía agradecer su inmensa fortuna a las campanas de la iglesia cercana al mar y a un viejo gato cazador que protegió su sueño y acompañó sus noches de tristeza y de soledad, que fué su mejor amigo y se llamaba Tabby.
Cuento popular Ingles.
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